2041, diseño gráfico

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LREOTSR

Exposición de letreros fabricados con metacrilato y vinilo de corte. Del 23 de marzo al 30 de abril de 2017 en Café Botánico, Granada.

El origen de estas piezas surge en un viaje a Lisboa programado a última hora para asistir al cumpleaños de Fátima, en abril del año pasado. La vuelta la hicimos por carreteras secundarias con la idea de parar en un pueblo del interior de Portugal donde las bifanas y los pregos son especialidad: unos bocadillos de carne típicos que se suelen tomar con mostaza. Con el estómago lleno y algunos kilómetros después, al pasar cerca de Beja, aún en Portugal, vimos un parque acuático abandonado y decidimos parar para verlo mejor de cerca. Accedimos al recinto saltando por una ventana y empezamos a hacer fotos sin parar porque la mezcla entre la vegetación salvaje, la infraestructura obsoleta de los toboganes, el sol de la tarde y el rebaño de cabras que había pastando, era espectacular. Cada uno por su lado, Adrián, Ana y yo, estuvimos un rato inspeccionando las distintas estancias. En un momento, sentí haber encontrado un tesoro al abrir la puerta de un cuartillo en el que había señales claras de la existencia de ratas. De entre los cientos de objetos que había amontonados, conseguí apartar unas piezas de metacrilato blanco con letras en rojo y azul. Eran paneles para informar a los usuarios del parque sobre el tipo de instrucciones que debían respetar. Las cargamos en el maletero y continuamos el viaje hasta Granada.

Días después, en el patio de Olga y Tomás, limpié con agua y jabón las piezas y le di una a Ana y otra a Adrián. Desde aquel momento empecé a pensar que me apetecía hacer algo con esos materiales tan básicos que tanto me gustaban. Tenía el soporte, me faltaba el contenido para poder empezar a darle forma.

Durante aquellos meses, el ocio ocupaba la mayor parte de mi tiempo y veníamos de una serie interminable de celebraciones a cada cual más intensa y especial. Digo veníamos porque no era yo sólo, ha sido una etapa compartida con muchos amigos. En aquella búsqueda sobre el tipo de contenidos con los que poder trabajar, empecé a tener claro que este período de ocio infinito debía formar parte de la historia porque precisamente el hallazgo de los paneles guarda una relación directa con el mismo.

A partir de ahí decidí convertir en letrero, “en algo grande”, todo aquello que me apeteciera, o que de algún modo quisiera destacar y recordar. Era el punto de partida y había encontrado la excusa perfecta para fabricar contenidos con toda la libertad que ofrece el azar y el propio estímulo. La única regla que me auto-impuse fue la de que los contenidos debían pertenecer a un espacio de tiempo concreto: desde aquel momento en el parque acuático hasta unos días antes de montar esta exposición. Casi ha pasado un año desde entonces y al final se aprecian tres líneas diferentes en cuanto al tipo de contenidos o mensajes: 1) ocio-amigos, 2) mi nuevo empleo de cajero en Carrefour, 3) la propia exposición. Todos directamente relacionados con situaciones personales de importancia relativa, cosas cotidianas que surgen de forma espontánea y al azar, y que no son buscadas sino encontradas, como aquel viaje a Lisboa que estuvimos a punto de no hacer.

La mayoría de los mensajes están cifrados y cuesta comprenderlos. Para mí no es relevante que se entiendan, son ejercicios de estilo y quiero componer con libertad. Por esto, en muchas ocasiones, omito elementos que simplemente sobran.

Marzo 2017.

Exposición de letreros fabricados con metacrilato y vinilo de corte. Del 23 de marzo al 30 de abril de 2017 en Café Botánico, Granada.

El origen de estas piezas surge en un viaje a Lisboa programado a última hora para asistir al cumpleaños de Fátima, en abril del año pasado. La vuelta la hicimos por carreteras secundarias con la idea de parar en un pueblo del interior de Portugal donde las bifanas y los pregos son especialidad: unos bocadillos de carne típicos que se suelen tomar con mostaza. Con el estómago lleno y algunos kilómetros después, al pasar cerca de Beja, aún en Portugal, vimos un parque acuático abandonado y decidimos parar para verlo mejor de cerca. Accedimos al recinto saltando por una ventana y empezamos a hacer fotos sin parar porque la mezcla entre la vegetación salvaje, la infraestructura obsoleta de los toboganes, el sol de la tarde y el rebaño de cabras que había pastando, era espectacular. Cada uno por su lado, Adrián, Ana y yo, estuvimos un rato inspeccionando las distintas estancias. En un momento, sentí haber encontrado un tesoro al abrir la puerta de un cuartillo en el que había señales claras de la existencia de ratas. De entre los cientos de objetos que había amontonados, conseguí apartar unas piezas de metacrilato blanco con letras en rojo y azul. Eran paneles para informar a los usuarios del parque sobre el tipo de instrucciones que debían respetar. Las cargamos en el maletero y continuamos el viaje hasta Granada.

Días después, en el patio de Olga y Tomás, limpié con agua y jabón las piezas y le di una a Ana y otra a Adrián. Desde aquel momento empecé a pensar que me apetecía hacer algo con esos materiales tan básicos que tanto me gustaban. Tenía el soporte, me faltaba el contenido para poder empezar a darle forma.

Durante aquellos meses, el ocio ocupaba la mayor parte de mi tiempo y veníamos de una serie interminable de celebraciones a cada cual más intensa y especial. Digo veníamos porque no era yo sólo, ha sido una etapa compartida con muchos amigos. En aquella búsqueda sobre el tipo de contenidos con los que poder trabajar, empecé a tener claro que este período de ocio infinito debía formar parte de la historia porque precisamente el hallazgo de los paneles guarda una relación directa con el mismo.

A partir de ahí decidí convertir en letrero, “en algo grande”, todo aquello que me apeteciera, o que de algún modo quisiera destacar y recordar. Era el punto de partida y había encontrado la excusa perfecta para fabricar contenidos con toda la libertad que ofrece el azar y el propio estímulo. La única regla que me auto-impuse fue la de que los contenidos debían pertenecer a un espacio de tiempo concreto: desde aquel momento en el parque acuático hasta unos días antes de montar esta exposición. Casi ha pasado un año desde entonces y al final se aprecian tres líneas diferentes en cuanto al tipo de contenidos o mensajes: 1) ocio-amigos, 2) mi nuevo empleo de cajero en Carrefour, 3) la propia exposición. Todos directamente relacionados con situaciones personales de importancia relativa, cosas cotidianas que surgen de forma espontánea y al azar, y que no son buscadas sino encontradas, como aquel viaje a Lisboa que estuvimos a punto de no hacer.

La mayoría de los mensajes están cifrados y cuesta comprenderlos. Para mí no es relevante que se entiendan, son ejercicios de estilo y quiero componer con libertad. Por esto, en muchas ocasiones, omito elementos que simplemente sobran.

Marzo 2017.